Encontrando luz en la dificultad
Lo único seguro en esta experiencia de vida, es el cambio. La vida se mueve permanentemente. Se dan situaciones complejas que implican retos diarios, en ámbitos sociales, familiares, económicos, laborales, de salud, etc.
Sin embargo, hay algo que no cambia y que nos permite regresar a un estado de paz interior independientemente de estos cambios externos: es nuestro ser de luz. A través de la meditación logramos regresar y conectar con esta luz, con nuestro ser verdadero.
Observar las situaciones desde otra perspectiva, en la que no nos dejamos ir en la ola de la situación misma, sino por el contrario, tomamos distancia y podemos tener una mirada objetiva y suave, es una forma de encontrar un estado de calma y paz.
Lograr retomarnos, conectar internamente con nuestro ser y no perdernos en el torbellino de lo exterior; eso es para mí la meditación.
Lograr tomar perspectiva de la vida exterior y encontrar espacios de silencio, calma y auto indagación tiene dos grandes beneficios:
- Controlar mente que vuela, que traiciona y nos sabotea.
- Observar procesos mentales internos y desenredarlos, para sanar las “samskaras” o huellas energéticas o traumas que se han instalado en nuestro cuerpo físico, energético y mental a lo largo de nuestra historia. Sólo puedo sanar lo que veo.
La meditación puede hacerse de forma intencional, como una iniciación, a través del silencio, con la maravillosa herramienta de la respiración y sus diferentes técnicas llamadas “pranayama”; buscando un espacio de recogimiento y silencio, en una postura cómoda, activando los primeros 5 centros energéticos o “chakras”, buscando llegar al sexto chakra negativo “dharana” (tercer ojo), que nos lleva a la concentración para conectar con el estado meditativo “dhyana” (glándula pineal), que se encuentra en el sexto chakra positivo. Y de aquí tocar este espacio de absoluto silencio interior, luz y también oscuridad, vacío, liberación, unión con el todo, iluminación, que es “samadhi”, que se da en el chakra 7 (coronilla).
Hay otras muchas técnicas para lograr estados meditativos, no siempre en silencio y sentado. Puede ser caminando, cantando mantras, o repitiendo mantras con un “mala” u observando la naturaleza, que es la meditación contemplativa. También observando nuestras sensaciones corporales o los sentidos podemos conectar con estos espacios meditativos.
También el yoga nos lleva a estos espacios, como una meditación en movimiento; a través de la práctica de posturas, de la mano de la respiración “pranayama”, con una mirada intencionada y presencia plena.
Pero también esta meditación, con práctica, puede hacerse de forma intermitente (al menos en quienes llevamos una vida terrenal, familiar, activa) en la interacción con la vida misma. Durante las situaciones reales, pausando a nivel mente y conciencia para observar desde mi espectador, tanto mi exterior, como mi interior; las dinámicas exteriores, situaciones y dramas o alegrías que pueden estar sucediendo afuera, como también mis emociones y sensaciones corporales.
Durante la tormenta o la emoción, cuando el torbellino interno está sucediendo, es el momento más difícil de conectar, de pausar y de silenciar el exterior. Es también en ocasiones cuando más nos saboteamos porque es cuando más duele ver lo qué hay adentro.
Pero vale la pena esa pausa, y permitirnos sentir y observar. Porque solo lo que se ve se puede trabajar, transformar y sanar.
Regalarnos unos minutos de silencio, de pausa, de meditación, o solo de cerrar los ojos y respirar con auto compasión y amor, dejando que pase lo que tenga que pasar pueden ser minutos trascendentales para ver con otra perspectiva la realidad que vivimos, y encontrar la paz en nuestra luz interior.