Los niños y la salud
Como padres, no hay nada que nos importe más que el bienestar de nuestros hijos. Queremos verlos crecer sanos, fuertes y felices. Sin embargo, hoy en día puede ser difícil saber cómo guiarlos en el tema de la alimentación. La publicidad, los productos llamativos y las tendencias externas, parecen influir más que nunca en sus gustos y preferencias y a veces sentimos que no tenemos otra opción más que complacerlos.
Pero en realidad, sí la tenemos.
Como adultos conscientes, sabemos que el exceso de alimentos procesados, azúcares, colorantes y conservadores, no favorece su salud. Por eso, es esencial que tomemos decisiones que realmente protejan y cuiden a nuestros niños.
El gusto por la comida se forma desde el vientre materno. Los sabores que una mamá consume durante el embarazo y la lactancia, suelen ser los mismos que sus hijos aceptan con facilidad, al iniciar sólidos. Es decir, la historia del gusto comienza mucho antes de lo que imaginamos.
Y a lo largo de la infancia, nuestros hijos aprenden de nosotros. Observan qué comemos, qué disfrutamos, qué elegimos… y sin darnos cuenta, ellos van siguiendo nuestros pasos. Si ven placer, energía y entusiasmo por alimentos sanos, ellos sentirán lo mismo.
A veces confundimos el amor, con darle gusto en todo. Pero educar también significa guiarlos y acompañarlos a elegir lo que les hace bien. Lo más fácil es decir “sí” a todo, pero nuestra responsabilidad no es darles todo lo que piden, sino ofrecerles lo que realmente necesitan: opciones sanas y amorosas para su cuerpo y su crecimiento.
Vivimos en un mundo donde abundan los productos listos para consumir, atractivos y divertidos, pero también sabemos que muchos de ellos, están alterados y no siempre se producen con ética, ni pensando en la salud de los niños.
Por eso es fundamental recordar nuestra misión como padres: formar hijos con buenos hábitos y una buena relación con la comida.
No pasa nada si no seguimos lo que todo mundo hace. No debemos dejarnos llevar por opiniones externas o tendencias que no van con nuestros valores. Lo importante es estar convencidos de que lo que hacemos es lo mejor para nuestra familia.
Hablar con nuestros hijos sobre la alimentación, la importancia de lo natural y los riesgos de los productos procesados puede ser uno de los regalos más valiosos que les dejemos. Es una manera de poner nuestro granito de arena para un futuro más consciente.
Crear un hogar donde haya opciones sanas, donde la comida nutra, donde todos se sientan con energía y a la vez en calma, es una forma profunda de amor. Comer bien no solo influye en su salud física, sino también en su estado de ánimo: ansiedad, concentración, sueño, irritabilidad, energía… todo está conectado con lo que ponemos en su plato.
Podemos enseñarles, acompañarlos y hacerlos parte del proceso. Algunas ideas para empezar:
Involucrarlos en la elección de alimentos, ir juntos al súper o al mercado
Tener opciones saludables en casa, visibles y accesibles
Invitar su curiosidad por nuevos sabores
Cocina con ellos, pregúntales que quieren aprender a cocinar
Déjalos cocinar, ensuciar y equivocarse
Explicarles, desde el amor, cómo los alimentos afectan su cuerpo y emociones
Sembrar un pequeño huerto o cultivar alguna planta comestible
Educar en la alimentación es educar en amor.
Cada pequeño paso en casa, hace una gran diferencia en su vida.